Soñé una ciudad amurallada

Juan Carlos Franco

(capítulo cuatro)

seremos héroes

 

Silencio largo.

Así que sí vamos a hacer esto.

Silencio.

Esa pregunta la hemos hecho tres veces.

Tres momentos.

Estábamos frente a la puerta de la casa.

El cuarto de Lau era demasiado chico para los tres.

Yo a veces ganaba un poco de dinero,

teníamos algunos ahorros…

Silencio.

Están listos.

No.

Ríen.

En serio vamos a hacer esto.

Piensan. Se miran. Sonríen.

Abrí la puerta. Era un espacio enorme,

un departamento de sesenta metros,

un lugar para nosotros,

enorme.

Festejan.

Bebimos.

Cogimos.

Miramos por la ventana.

Supimos de esa enormidad mirando la ciudad desde ese séptimo piso

abrazados, quizás,

desnudos,

quizás,

cocinamos y platicamos

y sentimos que eso, ahí, era el único camino posible.

No que éramos libres,

preguntó alguien.

Lo somos.

Sabemos.

Aquí estamos.

Silencio.

El centro del amor es el futuro. Hacer planes es la figura discursiva del amor, más que las palabras bonitas o los susurros. Lo que busca el amor siempre es la plenitud de una existencia. Es una pregunta constante, y la respuesta siempre se nos escapa.

cuando vivamos en Portugal, que es

un libro sobre su vida y cómo nos significa a

si pintamos esta pared de azul el cuarto va a

podríamos invitarlo, él te puede coger a ti mientras

en la playa en la noche en año nuevo

y nuestros libros en la biblioteca

una celebración en el bosque, un matrimonio chairo

una cena donde cada uno tenga su platillo favorito

los tres, ahí, desnudos, frente a

Silencio.

La Casa se volvió uno más.

Nuestro escondite.

Pasábamos más tiempo ahí que—

Quién va al súper.

Zafo.

Zafo.

Yo fui la otra vez.

Y seguirás yendo si te sigues apendejando en el zafo.

En La Casa nadie debería ir solo al súper. Para algo somos tres.

Para no ir solos al súper.

Silencio.

Si hiciéramos un reglamento ése sería el punto número uno. Nadie irá al súper o al cine

o al hospital

o al ministerio público

sin la compañía de otro miembro de la familia.

Qué tonto.

Pero…

Silencio.

Un manifiesto.

Qué.

Escribe.

En dónde.

En la pared.

No mames, no—

¿No la ibas a pintar de azul después?

Silencio.

Uno. El conocimiento es la clave de la libertad.

Ésa no es una regla.

Es la regla de reglas.

«El conocimiento os hará libres».

No, nada de eso.

¿Entonces?

Silencio.

Uno. La libertad vive dentro de la voluntad de conocer más.

Dos. En La Casa nunca hay una lección moral por aprender.

Tres. Nunca nos iremos a la cama enojados, excepto con el sistema.

Cuatro. Está prohibido prohibir.

Silencio.

Y si traigo un cadáver a la casa,

preguntó Leo.

Qué.

¿Eso no estaría prohibido?

No sabía que eras una psicópata.

Qué bueno que nos avisas.

Yo manejo al campo, Amador cava el hoyo y tú nos miras orgullosa.

¿Entonces no está prohibido?

Claro que no.

Silencio.

Ya, en serio.

Qué.

¿No hay nada prohibido?

¿Qué podríamos prohibir? Somos adultos que—

¿Cualquier cosa.

Silencio.

Uno sabe que algo está prohibido cuando lo tiene enfrente.

Cuatro bis. Conocerás una prohibición cuando la tengas enfrente.

Cinco. Si no se puede hablar, se canta. Si no se puede cantar, se pone una canción para que la escuche La Casa entera. Si no se puede poner una canción, se abraza.

Seis. El deseo de uno es el deseo de todos.

Seis bis. La sexualidad no será puesta en cuestión.

Seis tris. La familia completa cogerá cada que se abra la posibilidad.

Seis n. La Casa puede ser refugio (y lecho) de otras personas, siempre que sea considerado el bienestar de la familia.

Siete. Gastos, utilidades, propiedades y obligaciones serán compartidos entre los tres.

Excepto los condones.

Esos los compra—

Ocho. El mundo no existe cuando se trata de conocernos a nosotros.

Nueve.

¿Cuál era la nueve?

Silencio. Nadie recuerda.

La nueve era Ninguno de los tres se detendrá en detalles melancólicos. El pasado nunca fue mejor. El futuro, siempre el futuro.

Silencio.

¿Y la diez?

Silencio.

Diez. El amor no es una ilusión. El amor es real. El amor es esto. El amor es La Casa. El amor es la taza de café. El amor es la familia. El amor es la luz que entra por la ventana. El amor es tu olor, y también el tuyo. El amor es una plática y una canción y un abrazo. El amor es la libertad. El amor es el futuro.

Silencio largo.

¿Esto va en serio?

Qué.

Esto. De verdad vamos a hacerlo.

Por qué no.

Lo estamos haciendo.

Es un contrato.

No. Somos libres.

Es sólo un manifiesto, Amador.

Somos libres.

Somos libres.

Somos libres, nos repetíamos.

Silencio.

Muchos meses después,

quizá años,

sentados en la sala de espera de un consultorio gris en medio del caos de la ciudad,

nos preguntamos por última vez:

¿Así que sí vamos a hacer esto?

Y no dijimos nada.

Silencio.

Quizás sonreímos.

Quizás suspiramos.

Quizás.