Rukeli

Carlos Contreras Elvira

[4] Suena el tema Crazy ‘Bout You, cantado por Big Bill Broonzy para The State Street Boys. En el extremo opuesto de la escena, un vendedor de flores recoloca su mercancía en una gran cesta cuando entran RUKELI y ELLA. Pasean quedamente, riendo y compartiendo un pitillo. Al llegar a la altura del florista, Johann se detiene y le compra una flor edelweiss a la chica que, muy pizpireta, la huele y le besa. Como RUKELI ve que funciona, vuelve al florista y le compra otra, recibiendo un nuevo beso que deja la escena en penumbra. La luz se traslada al extremo opuesto, donde EDER acaba de entrar al despacho de SCHULZE. Ambos chocan sus talones y alzan los brazos. Cuando toman asiento, el boxeador señala la foto que hay en el escritorio. Herr Direktor sonríe orgulloso y saca un álbum que ambos comienzan a comentar en una jovial camaradería, devolviendo la luz al florista que, muy contento, está contando un fajo de billetes. El foco se aleja de él y tantea el espacio hasta encontrar a la pareja, ahora sentada en un banco. Se besan mientras ELLA prende la gran cesta de flores con el brazo. Es así que regresamos definitivamente a la conversación del despacho.

 

HERMANN SCHULZE

¿Alguna pregunta?

 

Silencio.

 

Bien. Cirujanos como usted son los que nos hacen falta. Este país es un dragón formado por millones de gusanos: en el momento en que uno de ellos está enfermo, contagia al resto y el dragón pierde su fuerza. ¿Comprende?

 

GUSTAV EDER

(Muy fervoroso) Ja, Herr Direktor. Extirparé ese tumor a puñetazos.

 

HERMANN SCHULZE

(Acompañándole a la puerta) Eres un muchacho inteligente, Gustav, y eso te dará buenas perspectivas con mi hija ELLA.

 

GUSTAV EDER

Gracias, Herr Direktor.

 

Salen. Poco después entra RUKELI, que agradece hacia fuera, como sintiéndose importante. Tras sentarse, curiosea visualmente el despacho mientras silva el Say sí, sí, de Teddy Stauffer. Coge el marco de fotos y observa con indiferencia la imagen de la señora que sujeta a su hija. De pronto, su mirada se detiene en las láminas de Sabiondo, Mudito y Tímido. Extrañado, deja el marco en su sitio y se levanta a verlas. Y en estas está cuando entra HERMANN SCHULZE.

 

HERMANN SCHULZE

¿Herr Johann Trollmann?

 

RUKELI

(Sorprendido, se gira y choca sus talones levantando un brazo). Heil!

 

HERMANN SCHULZE

(Sin responder, le estrecha la mano sonriente). Hermann Schulze, de la Reichspressekammer. ¿Llevaba mucho tiempo esperando?

 

RUKELI

No, en realidad acababa…

 

HERMANN SCHULZE

Por cierto ¿qué canción era?

 

RUKELI

¿Perdón?

 

HERMANN SCHULZE

Estaba silbando.

 

RUKELI

¡Ah! Es un tema berlinés de Teddy Stauffer.

 

HERMANN SCHULZE

Es curioso: tengo la sensación de haberla oído antes, pero no conozco a ese Teddy. (Se encoge de hombros) Supongo que la pondrían en El disco solicitado. ¿Lo sigue?

 

RUKELI

No.

 

HERMANN SCHULZE

Los soldados llaman para dedicar canciones a sus novias; algunas veces, incluso les consiguen un permiso especial para darles una sorpresa en persona. (Le ofrece una silla) Pero no le he hecho venir hasta aquí para hablarle de la radio. (Yendo hacia la suya, señala las láminas) ¿Qué le llamó la atención?

 

RUKELI

¿Disculpe?

 

HERMANN SCHULZE

Las estaba mirando.

 

RUKELI

Oh… sólo… me recordaron a mi padrino. Me habló de este cuento antes de irse.

 

HERMANN SCHULZE

Ah, el bueno de Erich. ¿Le va bien por Norteamérica?

 

RUKELI

¿Norteamérica?

 

HERMANN SCHULZE

¿No es allí donde se fue tras el último combate?

 

RUKELI se sorprende.

 

Tiene que ser duro. Quiero decir, irse y dejar así a la familia cuando el sueño de toda una vida acaba de cumplirse. Pero no hay mal que por bien no venga.

 

Saca varios recortes de prensa sobre sus victorias y se los da. RUKELI los hojea sin verlos, entristecido por el comentario anterior.

 

RUKELI

No tendría que haberse molestado.

 

HERMANN SCHULZE

Es nuestro trabajo. Su batín con la bandera ha aparecido en todos los periódicos. Dígame, ¿de dónde le viene ese patriotismo?

 

RUKELI

Mi familia me enseñó a amar la tierra.

 

HERMANN SCHULZE

Se refiere a sus padres biológicos, supongo.

 

RUKELI

Bueno…

 

HERMANN SCHULZE

¿Cómo se llamaban?

 

RUKELI

Wilhem y Firederike.

 

HERMANN SCHULZE

(Apunta los nombres en sus papeles) ¿Ha intentado alguna vez ponerse en contacto con ellos?

 

RUKELI

No. Mi madre murió cuando era pequeño…

 

HERMANN SCHULZE

Lo lamento… continúe.

 

RUKELI

…y mi padre…

 

HERMANN SCHULZE

No me lo diga… (Buscando) Lo tenía por aquí… Músico, ¿no es cierto?

 

RUKELI

Sí.

 

HERMANN SCHULZE

¿Qué instrumento…?

 

RUKELI

El violín.

 

HERMANN SCHULZE

¿Sabe? Me cuesta entender cómo un hombre con un empleo vocacional, buena salud y un hijo decide desaparecer de la noche a la mañana.

 

RUKELI

A mí también. Pero no sé a dónde quiere…

 

HERMANN SCHULZE

A que tal vez huyó dejándose la prueba en el camino; como el autor de estas láminas, que resultó ser un falsificador yanqui que pretendía plagiar unos dibujos del Führer.

(Saca una revista). «“Gibsy” Trollmann ganó porque el público presionó a los jueces, pero su boxeo careció de clase y fue demasiado teatral. Su imprevisible carácter gitano y su comportamiento inadecuado…».

 

RUKELI

¿Me ha hecho venir hasta aquí para insultarme?

 

HERMANN SCHULZE

No lo digo yo, lo dice Boxsport, la revista más prestigiosa del país.

¿Por qué cree que le llaman «Gibsy»?

 

RUKELI

No lo sé, pero me encantaría conocer al responsable para… (y amaga un puñetazo).

 

HERMANN SCHULZE

Johann, permítame interrumpirle. Esta es una simple formalidad; no hay razón para perder los nervios. Mi trabajo consiste en analizar palabras y los apodos lo son. Se sorprendería de lo mucho que pueden decir de uno mismo. Sin ir más lejos, a mí mis compañeros me llaman el «Ojo que todo lo ve», dada la minuciosidad con que desempeño mi trabajo, y el otro día alguien escribió en el buzón de Goebbels «Mahatma Propagandhi».

 

RUKELI

El mío es Rukeli.

 

HERMANN SCHULZE

Sí, eso también lo tengo por aquí. ¿Sabe lo que significa?

 

RUKELI

No significa nada. Mi madre me llamaba así de pequeño.

 

HERMANN SCHULZE

Firederike o… (pasa el dedo por sus papeles) Martha.

 

RUKELI

¿De verdad me ha llamado para hablar de un mote?

 

HERMANN SCHULZE

Para mí es algo más. Concretamente una palabra de origen indoeuropeo que significa «retoño», es decir, vástago o tallo que echa de nuevo una planta. Ya sabe, de esos que se pueden extirpar y plantar en otro lugar para que luego crezcan por su cuenta.

 

RUKELI

No entiendo nada. Me dijeron que iba a proponerme un combate por la defensa el título.

 

HERMANN SCHULZE

En eso estamos: yo ataco y usted defiende. Y aquí le va un gancho directo al hígado: tenemos indicios de que sus padres biológicos eran romaníes.

 

RUKELI

¿Ah, sí? ¿Y eso quién lo dice?

 

HERMANN SCHULZE

Lo dice el águila imperial que tengo en el corazón. Cuando me llegan casos como el suyo –y últimamente son muchos–, empieza a chillar y no me deja dormir. ¿Y qué hago yo entonces? Buscar pruebas que le acallen, porque sin descanso no hay trabajo y sin trabajo perdemos la libertad.

 

Desliza un sobre por la mesa. RUKELI lo coge y lo abre.

 

RUKELI

(Leyendo) ¿Qué es esto?

 

HERMANN SCHULZE

La BDB encargó al «ojo que todo lo ve» redactar un informe a fin de clarificar su estado y proponerle un nuevo combate que rectifique el… desajuste. Entenderá que no se puede ser campeón alemán siendo rumano.

 

RUKELI

¡Nací en Wilsche!

 

HERMANN SCHULZE

Pero sus padres no. Me refiero a Grigoraş y Rita. Tiene todos los detalles ahí.

 

RUKELI

(Ojea los papeles) ¡Mi apellido no es de origen moldavo!

 

HERMANN SCHULZE

Por el amor de dios, ¿hace cuánto que no se mira en un espejo?

 

Saca la foto que enseñó a SEELING: RUKELI posa junto a los expósitos del orfanato. A esta añade otras dos en las que también contrasta por su piel: en una, aparece junto a otros niños y un matrimonio en el típico cumpleaños de jardín; en la otra, forma con sus antiguos compañeros del club de boxeo.

 

Es como decir que estos enanos son alemanes cuando los ha pintado un yanqui. El cuento siempre será el cuento e, independientemente de quién lo relate, la madrastra siempre verá a Blancanieves en su espejo por ser más guapa que ella.

 

RUKELI

(De pronto, comprende) Por eso «se disfraza de boxeador y la persigue para darle un escarmiento…».

 

HERMANN SCHULZE

Oh, vamos, póngase en mi lugar; tengo las manos atadas. El conjunto de votantes no constituye un pueblo de la misma manera que una lámina con unas moléculas de color no constituyen un dibujo del Führer.

 

RUKELI

Por eso quería que perdiera… pero como no lo hice… (Incrédulo) ¿Le despacharon a Norteamérica?

 

HERMANN SCHULZE

Escuche, Trollmann, le estamos dando otra oportunidad porque creemos que puede hacerlo mejor que sus predecesores. Normalmente se tardan años en lograr un contrato como este, pero sólo hacen falta unos segundos para volver a pegarle a un saco de curry en un zoco de Bombay, ¿me sigue? Coja el dinero y lárguese. Empiece en otra parte.