• Skip to main content
  • Skip to footer

Temporales

  • Acerca de
    • Acerca de
    • Contacto
  • Autoreas
    • Autoreas
    • Colaboraciones Visuales
  • Eventos
  • Poesía
  • Ficción
  • No ficción
  • Dramaturgia
  • Entrevistas
  • Reseñas
  • Cine

03 · 2025

ombligo, Marissa López

Amanda García Martín

Ilustración: Amanda García Martín

 

Y mientras miraba cómo extendía la mano, se llenaba de emoción al saber que justo Ella la escogería—a ella y a nadie más. Porque era su turno de ser elegida, porque era temprano y porque la había escuchado toda la mañana decir por teléfono que le faltaba su media naranja. 

Toda la semana la había oído decir que las naranjas sabían mejor en las mañanas y que ninguna fruta le llegaba al aroma ni a los beneficios de salud de una naranja.

El lunes la escuchó decir: “Mmm, que rico huele a naranja y a vainilla con un toque de albahaca cuando suda”.

El martes en la tarde, mientras alzaba la naranja en sus manos, dijo: “Todos los que viven en este mundo tienen los corazones anaranjados”.

Después de su clase de yoga del miércoles, llegó cantando y hasta besó la naranja.

El jueves no llegó a dormir. 

Pero hoy era viernes y parecía un pajarito cantando y moviéndose de un lado al otro de la cocina. Brincaba mientras hablaba y, después de cada palabra, soltaba suspiros largos. Extendía la mano hacia el frutero y luego hacia el cielo mientras hablaba y suspiraba, extendía las manos hacia el cielo y luego hacia al frutero mientras suspiraba y hablaba.

Tocaba el frutero y acariciaba todas las frutas que estaban allí: manzana, durazna, y naranja. 

Es que no puedo vivir sin ella.

Primero, la naranja se chivió. Se le llenaron de cosquillitas los cachetes. 

Nunca he sentido lo que siento con ella.

Le temblaban todos los poros en su cáscara gruesa. 

La amo, la amo, la amo. Me duermo, pienso en ella, Me levanto, pienso en ella. Como y solo pienso en ella. 

La naranjita sintió un impulso acidulce: quería pelarse la cáscara entera y regalarle todos sus gajos. Quería gritarle: ¡Ten, cómetelos todos! ¡Cómeme! 

El cielo, las nubes, el aire, la tierra en que camino… todo es ella. 

La naranja estaba lista para gritar: ¡también te quiero! 

Termino de pasarle cada dedo a las tres frutas, dejándoles un beso con el meñique, el dedo de anillo y su favorito: el segundo. Dejando el olor a coco en cada una. Sus manos eran suaves pero fuertes. Tenían callos por el ejercicio, pero siempre estaban limpias. Los vellos eran tiernos y casi inexistentes. Lo que la naranja amaba más de Ella era el lunar que tenía en su mano derecha, y lo veía más claro que nunca: era de color café y perfectamente redondo, como ella. Una naranja café. 

La naranja café crecía más mientras su mano se abría lentamente para recogerla. Le contó los cinco dedos que se abrían como una boca encima de ella. 

Pero entonces ocurrió lo inesperado. 

Cogió la manzana y la dejó sola. 

La naranja la escuchó cerrar la puerta detrás de ella. Hubo un eco después del azote. En el pasillo se escuchaban las mordidas de una manzana jugosa. 

entonces vino––
entonces vino–––
entonces vino-––––
entonces vino––––––
entonces vino–––––––––
entonces vino–––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––

el silencio. 

La naranja empezó a sentir algo que nunca había sentido en su vida. Empezó por su ombligo. Por primera vez se dio cuenta de que tenía uno. El ombligo le empezó a doler. Primero, el dolor era en piquetes que duraban solo un ratito. Pero luego el dolor se quedaba más tiempo y después sentía cómo le punzaba. 

Boom,               boom,               boom. 

Miraba a su alrededor. Seguía allí, sobre la mesa. Sola. Sin Ella. 

“Del otro lado, estás llena de gusanos”, dijo la durazna.

Hasta que se tocó el ombligo. Y no pudo parar de reírse. 

Texto editado por Catalina Sojo.


Marissa López

Marissa López es cuentista, científica y escritora Oaxaqueña. Es influida por su identidad Oaxaqueña y de sus experiencias siendo nacida y creada en un pueblo pequeño de San Diego, California. Estudió bioquímica y español en la Universidad de San Diego (USD). Antes de dedicarse por completa en el mundo de escritura trabajaba en laboratorios como asistente de investigación. Empezó a escribir poemas de amor cuando tenía nueve añitos a las niñas de su escuela y ya no hubo como parar. Se divierte retando, rompiendo, y creando nuevas formas de lenguajes y formas de contar cuentos. También es fanática de las películas de terror, las estéticas de la tipografía y la playa.

 

Filed Under: Ficción, Narrativa Tagged With: Cuento, Escritura Creativa en Español, Estados Unidos, ficcion, Marissa López, México, MFA, narrativa, New York University, NYU, Revista Temporales, Temporales

Footer

Archivo

Síguenos

  • Instagram
  • Facebook
  • X

Encuentra a nuestros autores

Revista Temporales · ISSN 2475-5036 · © 2026